Paul Cézanne: Los jugadores de cartas
1890/1905. 45 x 57 cm. Oleo sobre lienzo.
Musée d'Orsay, París.


Pintor provenzal, descendiente de un comerciante piamontés, vivió siempre con holgura; una vida sin cosas a remarcar hace más comprensible su pintura: bastante rico para vivir de su patrimonio, se aísla para poder trabajar sin interferencias. Intentó ingresar en Bellas Artes, pero fue rechazado por su temperamento colorista. Cézanne no aspira a crear obras monumentales maestras: el descubrimiento de pequeñas verdades le compensa el cansancio cotidiano. Concibe la pintura como una pura y desinteresada investigación similar a la del científico, como búsqueda de una verdad que sólo podía ser alcanzada con la pintura. Es un autodidacta; quiere captar el núcleo expresivo, la estructura profunda de las obras de los pintores del pasado (Tintoretto, Caravaggio, El Greco, Ribera, Zurbarán, Delacroix, Courbet, Daumier). No aceptaba la pintura puramente visual de los impresionistas: quería ser poeta, literato, construir la imagen con los pesados materiales de la pintura. Al conocer a Pissarro comprende que la imagen del mundo no tenía que buscarse en la realidad externa sino en la conciencia: la pintura no era literatura en imágenes, ni una técnica capaz de manifestar la sensación visual; era una manera de investigar las estructuras profundas del ser.

Hacia el 1876, habiendo asimilado ya el estilo impresionista, inicia su tendencia constructiva: representa la estructura fundamental de la naturaleza con el uso del color, abandona el modelado y el claroscuro, modifica la perspectiva albertiana, de un único punto de vista, adoptando un sistema simultáneo y acercando los objetos al espectador (influencia del arte japonés), busca la síntesis con un deseo de conocer lo que la naturaleza conserva de permanente y esencial, reduce la forma a su esencialidad, simplificándola hasta el límite para construirla de nuevo bajo el estudio exhaustivo de todas sus posibilidades, estiliza las formas naturales en cilindros, conos y esferas y todo dentro de la perspectiva, llena el dibujo, esquemático y seguro, con pinceladas paralelas de color progresando de los tonos fríos (sombras) a los cálidos. En definitiva, pues, no representa la realidad "como es", ni como la vemos bajo la influencia de los sentimientos, sino la realidad "en la conciencia".

En Cézanne culmina la problemática creadora de final de siglo: superó la relación existente entre la realidad exterior y la obra de arte. Rompió con el culto de la anécdota y aportó a la pintura una dignidad y un valor absolutos, fruto de una construcción autónoma del artista en su "operación mental". Por su autenticidad y visión personal de las cosas, su obra es una de las últimas páginas del naturalismo, y demuestra que el cuadro no es una "tranche de vie" o una reproducción de la realidad inaccesible mediante las sensaciones, sino construcción o, en su lenguaje, realización. Encontrar en la naturaleza los elementos constructivos y estructurales necesarios fue el deseo más evidente de su obra. Se le considera el creador del arte moderno.

"Los jugadores de cartas" constituye un ejemplo de lo que se ha llamado el período sintético de Cézanne. Representa la realidad objetiva sin ajustarse a los mecanismos y criterios puramente ópticos de los impresionistas; distingue, no obstante, la realidad natural de la plasmada en el lienzo: "pintar no significa copiar el objeto, sino realizar sensaciones coloreadas".

Se puede observar, de entrada, la compostura y seriedad de los dos campesinos que ponen en el juego el mismo ritual que en el trabajo (clara asimilación de la realidad por la conciencia), así como la relación psicológica entre los dos jugadores: concentrado un en escoger la carta que tiene que jugar y esperando el otro. Veamos cómo Cézanne ha definido esta situación.

La postura y el gesto son simétricos, pero el eje del cuadro, el reflejo blanco de la botella, no coinciden en la mitad exacta del lienzo: la composición es ligeramente asimétrica. No existe expresión psicológica en sus rostros. El jugador de la izquierda -el que fuma en pipa- está prácticamente falto de líneas de contorno, de manera que la forma se ha construido a base de un mosaico de pinceladas que tiene estructura reticular. La fijeza del jugador que está esperando, está definida por la forma cilíndrica de su sombrero (que repite en la manga), por la recta de la silla, las manchas blancas de la pipa y del cuello de la camisa; incluso el mantel rojizo de la mesa cae a plomo por su lado y se levanta en ángulo por el otro; este jugador se ve entero, el otro, en cambio, está recortado. La atención, la movilidad psicológica del otro se manifiesta por los colores claros y sensibles a la luz de la chaqueta, el sombrero, y por la forma menos rígida y más ondulada de los trazos. La monumentalidad de la acción proviene de la construcción de masas y volúmenes con el uso del color. La aportación de Cézanne no es a nivel de caracterización psicológica, sino a nivel de la forma con la que las masas de color se desarrollan en el espacio.

Bibliografía

Argan, G.C. (1976), El arte moderno. 1770-1970. Valencia. Fernando Torres ed.
Rewald, J. (1982), El postimpresionismo. Madrid. Alianza ed. Col. Alianza Forma 31
Schapiro, M. (1988), El arte moderno. Madrid. Alianza ed. Col Alianza Forma 73




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