Paul Gauguin: Mujeres tahitianas.
 Paul Gauguin: Mujeres tahitianas. Paul Gauguin: Mujeres tahitianas.
1891. 69 x 90 cm. Oleo sobre lienzo.
Musée d'Orsay, París.


El uso exacto y metafórico que Gauguin hace de lo femenino para representar lo primitivo se convirtió, también a partir de la década de 1890, en una característica importante de sus cuadros de Polinesia y Tahití. Pero, como en su primitivismo bretón, los intentos por reproducir o igualar la vida "salvaje", que reconocía en la vida y la cultura tahitiana, revelan contradicciones, procedentes de unas fuentes heterogéneas relacionadas con los potentes mitos occidentales sobre la vida en lo que entonces era un lejano puesto colonial fronterizo. Gauguin se había planteado, ya antes de 1890, la idea de emigrar, de trasladarse a los márgenes "no civilizados" de la sociedad. Tras una solicitud fallida para conseguir un empleo en el servicio colonial francés de Indochina, decidió marcharse a la lejana isla de Tahití en 1891, regresando a Francia solamente una vez, en 1893, por un período de dos años.

En una carta escrita en 1890 exponía: "En cuanto a mí, he tomado una decisión. Pronto voy a irme a Tahití, a una pequeña isla de Oceanía, donde las necesidades materiales de la vida diaria pueden solucionarse sin dinero (...) Allí por lo menos, bajo un terno cielo de verano, en una maravillosa tierra fértil, el tahitiano sólo tiene que levantar sus manos para conseguir su alimento; y además, nunca trabaja. Mientras en Europa, los hombres y las mujeres solamente sobreviven gracias a trabajar intensamente, luchando entre convulsiones de frío y hambre, víctimas de la miseria; los tahitianos, por el contrario, son los habitantes felices del desconocido paraíso de Oceanía, y sólo conocen la dulzura de la vida (...)"

Las descripciones de los primeros exploradores, como Bougainville, convierten a la isla en una nueva Citerea, uniendo la idea de lo primitivo con el mito de lo antiguo, reconociendo en Tahití a la isla armoniosa y pacífica de la mitología griega, de cuyo mar nacería la diosa Venus. Apoyándose en estas imágenes, la oratoria oficial presentó la colonización como un medio de evitar la degeneración cultural.

Gauguin participa, también, de este mito. Utiliza el concepto de "tierra fértil" como una metáfora del contexto artístico o que busca, aquél en el que pudiera reabastecer sus instintos creativos. "Sólo quiero crear un arte sencillo. Para ello necesito empaparme de una naturaleza virgen, no ver nada más que salvajes." La "huida" a Tahití participaba también del mito que la mostraba como una cultura extraña y sencilla que podía suministrar el contexto ideal para el artista vanguardista.

Gauguin creó su propia leyenda: la del artista que se enfrenta con la sociedad de su época y se evade de ella para encontrar -en una naturaleza y entre unas gentes no adulteradas por el progreso- las condiciones de autenticidad y de ingenuidad primitivas en las que aún puede florecer la flor de la poesía.

Su exploración de la naturaleza y las gentes de lejanos países no es una vuelta al exotismo romántico: no explora el mundo buscando nuevas sensaciones, se explora a sí mismo buscando el origen de sus propias sensaciones.

En sus cuadros no hay relieve ni profundidad, pero no son planos; se resuelven en superficie, como los de Manet.

Bibliografía

Chipp, H.B. (1995), Teorías del arte contemporáneo: fuentes artísticas y opiniones críticas. Madrid. Akal.
Gauguin. (1989). Catálogo de la exposición. Grand Palais, París.
Harrison, Ch., Frascina, F., Perry, G. (1998), Primitivismo, cubismo y abstracción. Madrid. Akal. Col. Akal/Arte contemporáneo. Págs. 32-33
Martin Reynolds, Donald (1996), El siglo XIX. Barcelona. Gustavo Gili. 4ª ed. pág. 124-125
Rewald, John (1999), El postimpresionismo: de Van Gogh a Gauguin. Madrid. Alianza Editorial. Col. Alianza forma 31. 540 p.
Segalen, v. (1989), Ensayo sobre el exotismo: una estética de lo diverso y textos sobre Gauguin y Oceanía. México. F.C.E.




Percepciones | Historia del arte | Estética