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| Escuelas filosóficas del helenismo
| El estoicismo | El epicureismo |Los
escépticos |Cicerón y los eclécticos |Plotino
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1. Escuelas filosóficas del helenismo
Para la historia de la Filosofía, la muerte de Aristóteles señala el inicio del helenismo, así como la de Alejandro para la Historia. Helenismo significa el más largo y difundido predominio de la cultura griega, pronto vehiculado por el Imperio Romano (el año 146 ane, la antigua Grecia quedaba convertida en Acaya, provincia romana).
En los tiempos helenísticos, cambió el carácter de la filosofía; las aspiraciones al conocimiento del mundo y de la vida pasaron a segundo plano frente a la ambición de encontrar los medios para vivir bien y felizmente. Esta transformación tuvo sus repercusiones en la estética: los filósofos ya no se preguntaban en qué consisten el arte y la belleza sino si éstos sirven para lograr la felicidad.
Tres escuelas destacan, junto a los soluciones aportadas por Platón y Aristóteles: la hedonista, la moralista y la escéptica. Uno de los rasgos importantes de esta época es la separación de la filosofía y de la ciencia. Y si la filosofía sigue teniendo su centro en Atenas, la ciencia lo tendrá en Alejandría.
En Atenas la filosofía se convirtió en una guía para el individuo, una técnica intelectual de salvación, ya que salvarse cada uno era lo único que parecía posible. El término felicidad es sustituido por el de ataraxia (no turbación, des-inquietud) o apatheia (emotividad anulada o dominada, serenidad). La sabiduría a la que se aspira representa un ideal práctico, la conquista de la tranquilidad del alma.
Los sistemas helenísticos estaban muy desarrollados en todos los aspectos: analizaban el conocimiento, desarrollaban la teoría de la existencia y sacaban de sus meditaciones conclusiones prácticas. La estética ocupaba un lugar secundario.
Las escuelas filosóficas del helenismo nacieron en Atenas, y a pesar de la crisis de la polis, filósofos de diversas partes del "mundo habitado" acudían a sus escuelas. Durante el largo período helenístico-romano, las opiniones estéticas sufrieron muy poca evolución. Los textos conservados resultan bastante escasos en comparación con lo que se había escrito al respecto en aquella época; además, no se conservan los originales, sino sus elaboraciones posteriores. Se conservan los textos de Plinio sobre la pintura y la escultura, pero se perdieron los textos de Jenócrates, Antígono, Pasíteles y Varrón, en los cuales Plinio se había basado. Nos ha llegado la obra de Vitruvio sobre la arquitectura, pero desconocemos sus fuentes, los textos del arquitecto Hermógenes y otros. Se han conservado los tratados estéticos de Cicerón y de Séneca, mas desconocemos los de Panecio y Posidonio, que le habían precedido.
Cabe distinguir en esta época una estética general o teoría general de la belleza y del arte, cultivada por filósofos de diversas escuelas, y una teoría de las artes particulares, desarrollada por artistas y eruditos. Mientras que en la estética clásica el papel primordial lo desempeñaron los filósofos, en el caso de la helenístico-romana fueron los especialistas los que imprimieron una huella más relevante.
Las nuevas corrientes filosóficas, es decir, el epicureísmo, el estoicismo y el escepticismo, adoptaron una posición hostil hacia la belleza y el arte, ya que éstos no servían a sus fines hedonistas o moralistas.
2. El estoicismo
Escuela fundada por Zenón de Cítion (hacia el 300 ane), mantuvo su prestigio y sus principios generales hasta el siglo II d.n.e., con su último gran representante, el emperador Marco Aurelio. Su historia suele dividirse en tres períodos: el antiguo (siglo III ane) al que pertenecen Zenón, Cleantes (Sobre las cosas bellas) y Crisipo (Sobre la belleza y Sobre la belleza y el goce); el medio (finales del siglo II ane y principios del siglo I ane) con Filón de Larisa, Panecio y Posidonio; y el tardío de los tiempos del Imperio Romano.
Dividía la filosofía en Lógica, Física y Etica. Se interesó, sobre todo, por la poesía y los problemas de la semántica y la lógica. Se han perdido los tratados sobre poesía de Zenón, Cleantes y Crisipo (fundador del cálculo proposicional), y conocemos una obra de Diógenes de Babilonia sobre la música gracias a Filodemo; el De Officiis de Cicerón nos habla de una obra sobre la belleza de Panecio. Las Epistolae morales ad Lucilium de Séneca constituyen una fuente bastante considerable para el conocimiento de la estética estoica.
Su epistemología empirista, opuesta a Platón, mantiene que los conceptos generales se obtienen por inferencia a partir de los datos perceptivos. La physis es un todo unitario y ordenado, fuera del cual no hay nada, ni mundo de las Ideas ni Primer Motor; en el Cosmos todo es conexo y todo coopera al funcionamiento del Todo. Por ello, el alma humana es parte del orden natural, al que debe someterse y compartirlo sin apasionamientos: "el destino conduce a quien consiente, y a quien no, lo arrastra".
En conjunto, mantienen que la belleza depende de la disposición de las partes (convenientia partium). El disfrute de la belleza se encuentra vinculado a la virtud, que se manifiesta en una vida ordenada, vivida con decoro (to prepon). De la poesía puede obtenerse no sólo un placer irracional (hedone) sino incluso una elevación racional del alma (chara), de acuerdo con el objetivo estoico de la tranquilidad.
La estética estoica estaba condicionada por las teorías estoicas de la moral y del cosmos. Por un lado, estaba marcada por el moralismo estoico, según el cual los valores supremos son los morales, debiendo los estéticos estar subordinados a ellos. Por otro, la estética estoica se desarrolló dentro de los marcos de su teoría del Logos, según la cual el mundo está impregnado por la razón. Los estoicos veían en el mundo real aquella razón, perfección y belleza, que Platón reconocía en las formas ideales. Partiendo de la premisa de que el mundo es bello, crearon una estética de carácter optimista.
Se servían del concepto tradicional de la belleza, que abarcaba tanto la moral como la corporal, pero las separaron claramente, contribuyendo a la cristalización de los conceptos de belleza espiritual e intelectual por un lado, y sensorial por otro. "La (belleza) del cuerpo está en la proporción de las partes, el buen color y la buena condición de la carne..., en cambio, la de la mente está en la armonía de las creencias y la consonancia de las virtudes". La belleza del intelecto, espiritual y moral, prácticamente se identifica con el bien moral y, al mismo tiempo, es completamente distinta a la belleza en el sentido estético. En cambio, lo que consideraban como belleza corporal y sensorial era en realidad lo que entendemos por belleza estética.
Para Zenón, la función del arte es servir a fines útiles, y tenía por útiles sólo los fines morales. Y como los estoicos identificaban la virtud con la sabiduría, llegaron a la paradójica afirmación de que el sabio "es bellísimo, aunque sea repugnante", es decir, que es bello moralmente aunque sea físicamente repulsivo. Epicteto escribe: "La belleza del hombre no es una belleza corporal. Tu cuerpo y tus cabellos no son hermosos, pero pueden serlo tu mente y tu voluntad. Haz que éstas sean bellas y serás bello".
Sostienen que "la naturaleza es el mayor artista" creyendo, según Cicerón, que "no hay nada más hermoso ni mejor en el mundo".
y llegan a la tesis de la universalidad de la belleza en el mundo (la "pankalia"). "El mundo es bello -escribe Posidonio- y resulta evidente por su forma, su valor y la variedad de los astros". Cicerón escribe que el mundo no tiene ninguna deficiencia, siendo perfecto en todas sus partes y proporciones. No negaban que en el mundo existen también cosas feas; creían que éstas son necesarias para acentuar la belleza mediante el contraste.
Para los estoicos, la belleza consistía en medida y proporción. También usan el concepto symmetria que representa la belleza absoluta, y el decorum la relativa. Diógenes Laercio cita tres definiciones estoicas de la belleza: es bello
Aplicada a la belleza corporal, la belleza consiste no sólo en la proporción sino también en el color. Leemos en Cicerón que "en el cuerpo, llámase bella una forma adecuada de los miembros asociada a colores agradables". De esta manera, se reducía la concepción de la belleza a la sensorial e incluso exclusivamente a la visual.
La estética estoica también utiliza el concepto de Decorum (en griego, prepon). Designa lo conveniente, lo adecuado, lo apto; es la adecuación de las partes al todo (la symmetria es la concordancia de las partes entre sí). En el decorum veían los antiguos la belleza individual, la múltiple adaptación a los diversos objetos, personas o situaciones, mientras que en el concepto de symmetria veían la concordancia con las reglas generales de la belleza. Así buscaban la symmetria en la naturaleza, y en cambio la conveniencia en los productos humanos. Al principio, el decorum era un concepto puramente ético y sólo más tarde se incluyó en él la belleza y el arte.
El decorum guiaba las acciones humanas. Cicerón recomendaba "atenerse a lo conveniente", y Quintiliano "en todos los asuntos observar lo conveniente". Pero como tenía un carácter individual y no consistía en una adaptación a las reglas, tenía que ser establecido concretamente para cada ocasión, lo cual era una cuestión particularmente difícil. "Nada es más difícil... -escribió Cicerón- que ver lo que conviene. Los griegos lo llaman prepon; nosotros... decorum".
Los romanos definían la belleza con el término honestum, y por honestum entendían lo que es valioso y digno de alabanza, independientemente de la utilidad. Para los estoicos, pues la belleza tenía un valor objetivo, pero sólo la belleza moral poseía un elevado valor. Es verdad que la belleza estética tenía para ellos un valor normal, mas era éste un valor relativamente bajo, y por ello, no podía constituir el objetivo final de cada cosa, ni tampoco el arte podía ser autónomo.
Hasta ahora la psicología de la belleza se había apoyado en dos conceptos: el de las ideas y el de los sentidos. Sólo estos dos conceptos eran tomados en consideración para explicar la creación de la obra de arte en la mente del artista y el efecto ejercido por ella en el espectador o el oyente. Con los estoicos hace aparición un tercer concepto, la imaginación. Acuñaron el término "phantasia" que fue substituyendo al de "imitación". Filóstrato ya pudo escribir que "la imaginación es un artista más sabio que la imitación".
En resumen, la aportación de los estoicos a la estética se concretan en:
3. El epicureismo
Entre los escritos de Epicuro (340-271 ane) se encuentran Sobre la música y Sobre la retórica, que constituyen una parte muy pequeña de la totalidad de su obra. Ambos tratados se han perdido, y Diógenes Laercio nada nos dice sobre las opiniones estéticas de Epicuro, para quien las cuestiones estéticas eran marginales.
El epicureismo también propone como meta la ataraxia, pero desde la base de una certeza del atomismo físico: toda la realidad consta de átomos y vacío; no hay otra vida. Si los dioses existen, serán materiales y su superioridad hará que no se ocupen de nosotros. Luego, nada hay que temer, ni fuera del mundo ni después de la muerte. Y para orientarnos en la vida tenemos un criterio infalible, el canon de la sensación: buscar el placer y huir del dolor. El sabio tiene que obtener la mayor suma de placer con la menor suma de dolor. Para ello deberá prescindir de muchos placeres que sólo se obtienen a base de trabajo, lucha, penalidades, con sus secuelas de dolor, disgustos e insatisfacciones. Y la sabiduría enseña que el mejor placer no es el más intenso, sino el que está menos mezclado con inquietudes o consecuencias negativas.
La filosofía epicúrea interpretaba la existencia de una manera materialista, la acción de una manera hedonista y el conocimiento de una manera sensualista. Por ello se interesaron poco por la belleza "espiritual" a la que tanta atención habían prestado los estetas de la época clásica. Veían el valor de la belleza y del arte en el placer proporcionado por ellos. Y, conforme a su sensualismo, relacionaban el placer, y, por lo mismo la belleza, con impresiones sensoriales, siendo bello para ellos "lo agradable para los ojos y el oído".
El concepto hedonístico de belleza, predicado por Epicuro, tiene dos variantes.
Según Epicuro, todo lo que hace el hombre corresponde a una "necesidad", existiendo necesidades prescindibles e imprescindibles. Según él, la belleza no se halla entre las necesidades imprescindibles. También el arte es superfluo; no posee ni siquiera la virtud de ser autosuficiente. Lo toma todo de la naturaleza, el hombre es incapaz de hacer nada por sí mismo, lo tiene que aprender todo de la naturaleza.
Dado que creían que tiene únicamente valor lo que es útil y siendo útil, es agradable, no admitían la idea de que el arte pudiese estar sujeto a sus propias reglas. Mantenían la opinión de que en poesía no se puede decir nada más de lo que la ciencia reconoce como verdadero: "sólo el sabio podrá hablar correctamente sobre música y poesía". [Diógenes Laercio, X 121].
Los epicúreos tuvieron en poca estima la música y sus placeres. Epicuro solía llamar a la música y a la poesía" ruido"; creía que los poetas deben ser alejados del Estado y admitía que una persona inteligente puede frecuentar el teatro, pero siempre con la condición que lo trate como una diversión y no como cosa seria. Filodemo de Gadara (siglo I ane) en Sobre la música (Peri mousikes) sostiene (contra los pitagóricos, Platón y Aristóteles) que la música, por sí misma -al margen de las palabras- es incapaz de suscitar emociones o de producir transformaciones éticas del alma. "Ningún dios inventó la música ni se la dio a los hombres". La inventó el hombre; no hay analogía alguna entre ella y los fenómenos celestes; la música está hecha a la medida de los hombres y depende de ellos. No hay en ella nada especial y nos afecta de la misma manera que los restantes productos humanos: "los cantos no afectan de otro modo que los aromas o sabores". La música no encarna los caracteres y tanto tiene que ver con la vida espiritual como el arte culinario. En su obra Sobre los poemas (Peri poematon) dice que la bondad poética no viene determinada ni por la intención didáctico-moral (didaskalia), ni por el placer de la técnica y la forma (psychagogia), ni por la suma de ambas, sino por la unidad de la forma y el contenido. "Aunque un poema tenga una forma hermosa, si son malas las ideas contenidas en él, será un mal poema".
Reflexiones más amplias las encontramos en Lucrecio (95-55 ane) y su poema Sobre la naturaleza de las cosas (De rerum natura). Según él, las formas del arte provienen de la naturaleza. Mediante una imitación del canto de los pájaros, el hombre llegó a crear sus propias canciones. El soplo de viento en la caña le ofreció un modelo para su flauta.
4. Los escépticos
El escepticismo es, ante todo, una escuela moral. Agrupados en torno a Pirrón (360-275 ane) defendían que la única posible finalidad de la sabiduría era alcanzar una vida individual feliz. La certeza teórica no es posible ni necesaria. Seguramente estuvieron muy influenciados por la experiencia de la expedición de Alejandro a la India, en la que Pirrón participó. Ninguna doctrina puede ser formulada, y la mayor sabiduría consiste en la ausencia de juicio y la renuncia a enseñar. Desconocemos la naturaleza de las cosas, porque la percepción sólo ofrece apariencias; es precisamente cuando nos abstenemos de juzgar que podemos alcanzar la ataraxia. Quien renuncia a la certeza no asigna a unas cosas más valor que a otras, no se siente defraudado y se muestra indiferente a lo que no sea su propia virtud para afirmarse en la ataraxia. Es sabio quien alcanza la felicidad renunciando al saber.
Podemos encontrar sus ideas sobre la estética en los textos de un representante tardío de esta escuela, el médico y filósofo Sexto Empírico (finales siglo II). Los problemas estéticos los discutió en el tratado Contra los matemáticos, los problemas sobre la música en el IV libro de Contra los músicos, y los problemas relacionados con la poesía en Contra los gramáticos, cap. XIII.
Su argumento principal es la diversidad y disparidad de juicios sobre la belleza y el arte. Mientras los griegos vivieron aislados, teniendo ante sus ojos sólo su propio arte, hubo entre ellos muy pocas divergencias. Con las conquistas de Alejandro Magno vieron otro arte y otros juicios sobre la belleza. La actitud negativa más evidente hacia el arte había sido la de Platón, mientras que la postura más expresamente negativa hacia la belleza la propagaron los epicúreos. Los escépticos, a su vez, abrigaban menos dudas en cuanto a lo bello y el arte, pero, en cambio, censuraban y combatían la estética por su pretensión de ser una ciencia que aspira al conocimiento de la belleza y las artes.
Afirman que la poesía no ofrece ningún provecho e incluso es perjudicial, ya que su carácter de ficción produce confusión en la mente. Reconocían que puede proporcionar placer, pero no que tuviera ninguna belleza objetiva. Sostenían, además, que la poesía no enseña la felicidad ni la virtud, ni tiene tampoco un contenido filosófico, ya que o es trivial o es falsa.
Sobre la música, están en contra de los efectos psíquicos que algunos creen que produce: toda la fuerza de la música es una ilusión. Hay personas y animales a quienes la música no afecta o les afecta de otro modo. Y si hay quienes al son de la música aplacan la cólera, o pierden el miedo o la tristeza, no es porque la música despierte en ellos sentimientos mejores sino porque momentáneamente distrae su atención. Cuando deja de sonar, la mente no curada cae de nuevo en la ira, el pavor y la aflicción. La música calma como el sueño y excita igual que el vino. La música no posee, pues, ningún poder especial, no es útil, no hace feliz, y tampoco ennoblece, y todas las afirmaciones contrarias están basadas en prejuicios, dogmas, supersticiones y falsos juicios.
Las verdades generales propagadas sobre el arte, sobre sus efectos y valores, son unas verdades presuntas, y en realidad, falseadas y generalizaciones injustificadas. Aceptarlas sería tomar las subjetivas reacciones del hombre frente al arte por cualidades objetivas del arte por sí mismo. Los escépticos niegan tanto la teoría cognoscitiva como la ética sobre el arte. Sostienen que el arte ni educa a los hombres ni los eleva moralmente.
Sus opiniones enlazan con la relatividad y la subjetividad de los sofistas. Su mérito en el campo de la estética estriba en el hecho de haber erigido con sus conceptos una barrera al dogmatismo y a las generalizaciones precoces.
5. Cicerón y los eclécticos
Si las escuelas filosóficas representaban posturas completamente diferentes y competían entre sí, a finales del siglo II ane y, sobre todo, en el siglo I ane, surgieron en Atenas y en Roma los primeros intentos de acercarlas. La escuela estoica, salió de su aislamiento y se acercó a la escuela peripatética y a la platónica, y llegó a ser una "Stoa platonizante". Y la Academia platónica se inclinó hacia el eclecticismo reforzando el acuerdo existente entre Platón y Aristóteles.
En base a las doctrinas de Platón, de Aristóteles y de los estoicos surgió la estética del eclecticismo. Su lema, formulado por Quintiliano era: eligere ex omnibus optima (escoger lo mejor de todo). Conoció su culminación con Cicerón (106-43 ane) y se convirtió en la corriente más típica del helenismo tardío y de la Roma clásica.
Marco Tulio Cicerón, filósofo, político y orador, redactó sus principales textos filosóficos en los últimos tres años de su vida, y aunque ninguno está dedicado especialmente a la estética, podemos hallar numerosas observaciones, sobre todo en la Academia, las Tusculanae disputationes, el De Officiis, y el De oratore y el Orator. Dado que era orador tanto como escritor, modeló principalmente su estética sobre el arte de la palabra.
Cicerón también definió la belleza como ordo y convenientia partium,
pero introdujo un punto de vista nuevo. Según él, la belleza "conmueve con su
aspecto" (sua specie conmovet), "atrae la mirada" (movet oculos)
y depende de un bello "aspecto" (aspectus). De esta manera, Cicerón
unía la belleza con el aspecto y la apariencia. A pesar de las analogías
existentes entre la belleza intelectual y la sensorial, entre la espiritual y la
corporal, según Cicerón, había entre ellas diferencias considerables.
Belleza intelectual (espiritual)
Belleza sensorial (corporal)
es una
belleza de caracteres, costumbres y acciones
es la belleza de la
apariencia
es un
concepto moral-estético
es puramente estética
su rasgo
principal reside en la conveniencia
es lo que atrae, la estética
decorum
pulchrum
Sigue la interpretación socrática según la cual la belleza deriva de la utilidad y del fin. Todo lo útil es bello, pero no así al revés: hay cosas cuya belleza no tiene nada en común con la utilidad (los colores de un pavo real que son sólo adorno, ornatus).
Tres son las distinciones o maneras de dividir la belleza:
Cicerón añadió un cuarto tipo: dignitas y venustas, es decir, la dignidad y la gracia. A la primera le llamaba belleza viril y a la segunda, femenina. En vez de dignitas empleaba también la palabra gravitas (gravedad) y venustas la substituía por suavitas (dulzura). La distinción entre estas dos clases de belleza fue uno de los primeros intentos de establecer unas categorías estéticas como tales.
Si los eclécticos coincidían en que la belleza es una propiedad objetiva de algunas cosas, Cicerón escribió que la belleza agrada por sí misma (per se nobis placet), que nos conmueve por su propia naturaleza y forma, y que merece por sí misma reconocimiento y alabanza. También él formuló claramente la tesis sobre el carácter objetivo de la belleza:
Al entender por arte todo lo que nace gracias al trabajo de las manos del hombre, in faciendo, agendo, moliendo, enunciaba una variante de la definición tradicional, lo mismo que cuando escribió que hay arte donde hay conocimiento ("Pues el arte trata de las cosas que se conocen", De oratore II 7, 30). Pero Cicerón separó la producción de la habilidad: no llegó a afirmar que la habilidad sin producción no es suficiente para poder hablar de arte, pero distinguió entre las artes que producen objetos, como la escultura, y las que, como la geometría, sólo investigan, rem animo cermunt.
Distinguió entre las artes liberales y las serviles, pero modificó el concepto de artes liberales: rechazó el criterio negativo de que no exigen trabajo físico y adoptó el criterio de que requieren mayor grado de inteligencia o que son de mayor utilidad. Con esta distinción las artes liberales incluían a las que después se llamó bellas artes.
En lo que respecta a la relación entre arte y naturaleza, Cicerón sostenía que las obras de arte, en tanto que obras humanas, no pueden ser más perfectas que la naturaleza, pero sí pueden gradualmente mejorar y también escoger y seleccionar lo bello entre lo natural. El arte era, por definición, cuestión de reglas así como de libres impulsos (liber motus), requiriendo habilidad, talento y trabajo. El arte es dirigido por la razón, pero lo realmente grande es obra de la inspiración (adflatus). "Así pues, ningún hombre ha sido nunca grande sin una cierta inspiración divina" (Cicerón, De natura deorum II 66, 167).
El mundo es bello hasta tal punto que es imposible pensar en algo más bello. La belleza caracteriza tanto al arte como a la naturaleza.
También Cicerón habla de la imitación y escribe: "la verdad vence a la imitación". Así que no sólo la imitación es distinta a la verdad, sino que es combatida por ella. La imitación no es, pues, una repetición de la realidad imitada, ni ofrece ninguna garantía de la verdad, ya que es precisamente una libre representación de la misma. Según Cicerón, la actividad del artista no sólo consiste en recoger las formas de la naturaleza sino también de sí mismo, de su propia personalidad; el artista crea obras a semejanza de las cosas que tiene ante sus ojos, pero también a semejanza de las ideas que anidan en su mente. El arte, además de elementos reales, encierra también elementos ideales, y si dispone de un modelo externo posee también un modelo interno, que está presente en la mente del artista. Cita el ejemplo de Fidias: "Ciertamente, aquel famoso artista, al hacer la figura de Júpiter o Minerva, no miraba a nadie que servía como modelo, sino que en su propia mente habitaba una extraordinaria idea de la belleza, mirando la cual y clavados los ojos en ella, dirigía su arte y su mano para conseguir su semejanza." (Cicerón, Orator 2, 8).
Platón entendía las ideas en calidad de formas espirituales abstractas; Cicerón las entendía como formas concretas perceptibles. Para entender el arte, que se sirve de imágenes concretas, las ideas abstractas eran muy poco útiles, razón por la que Platón no pudo aprovecharlas en su teoría del arte: el arte quedaba fuera de su sistema idealista. Platón utilizó su concepto de Idea aplicándolo a la teoría de la existencia, pero no a la del arte. El creador del idealismo no fue un idealista en su interpretación del arte, sosteniendo que el hombre se guía por las ideas en el conocimiento científico y en su comportamiento moral, pero no en el terreno de lo artístico. Para Platón el arte se modelaba únicamente con las cosas reales y no con las ideas. Las ideas concretas de Cicerón eran, en cambio, aplicables a la teoría del arte.
También Cicerón formuló una primera "estética de la recepción" , ya que nos habla de un elemento activo en el espectador. Afirma que el hombre posee un especial sentido de la belleza y del arte; gracias a este sentido, el hombre concibe y evalúa el arte y dispone de una capacidad para distinguir en este terreno lo justo de lo erróneo. Éstas son, pues, las ideas nuevas:
6. Plotino (h. 203-269/70)
a) Plotino y Platón
A finales del siglo III surgió una nueva concepción estética que cuestionaba las conclusiones y presupuestos mantenidos hasta entonces.
Su pensamiento deriva de Platón (de ahí el nombre de neoplatonismo). La reflexión filosófica proseguida en las escuelas platónicas hasta el cierre de la Academia de Atenas por Justiniano I en el año 529, tuvo su culminación en el sistema neoplatónico de Plotino. Originario de Egipto, pasó su juventud en Alejandría y a los cuarenta años se trasladó a Roma. Su filosofía, trascendental y espiritualista, coincidía con el espíritu de la época. Empezó a escribir a los cincuenta años y nos dejó 54 tratados que fueron, más tarde, ordenados en seis Enéadas. Tres de ellos se refieren especialmente a problemas estéticos: las Enéadas I, 6 "Sobre la belleza", y V,8 "Sobre la belleza intelectual" y "Cómo llegó a la existencia la multiplicidad de las formas ideales; y sobre el Bien".
Al igual que Platón, Plotino contraponía dos mundos: "éste" y "aquél", o sea, el imperfecto mundo material de los sentidos, en el cual vivimos, y otro mundo perfecto, suprasensible y espiritual, que es del todo independiente de nuestros sentidos y al que sólo podemos acercarnos por medio del pensamiento. Pero:
La belleza que conocemos, la de las formas y colores, se concibe como un reflejo de otra belleza más perfecta:
b) Definición de belleza
Recordemos que la belleza en Grecia se concebía como "symmetria", es decir, consistía en la relación, en la medida, en la regularidad matemática, en las proporciones adecuadas y en la mutua conformidad de los elementos entre sí. Cicerón todavía la concibe como apta figura membrorum y Luciano la definía como "unidad y armonía de las partes en relación con el todo".
Plotino rechazó esta concepción y afirmó que si la belleza consistiera en la symmetria, existiría tan sólo en los objetos complejos y no la habría nunca en un color particular o en un tipo de sonido, ni en el sol, ni en la luz... El mismo rostro conforme a la expresión que adopte, aparecerá como más o menos bello, lo que no sería posible si la belleza dependiera únicamente de la proporción, porque a pesar de variar en la expresión, la proporción de cada rostro permanece constante. Considera que el concepto de symmetria es fácilmente aplicable a los objetos materiales, pero no a los espirituales, como la virtud o el conocimiento, o a un perfecto sistema social. Por lo tanto, la definición tradicional es aplicable tan sólo a algunos de los objetos que llamamos bellos, pero nunca a todos.
Si la belleza no es, pues, una relación, ha de ser una cualidad (tesis fundamental de la estética de Plotino).
Inspirada en el Banquete, desarrolla una teoría de la belleza original: la belleza se encuentra en las cosas vistas y oídas y también en el buen carácter y la buena conducta; la cuestión es: "¿Qué es lo que da gracia a todas esas cosas?".
La belleza no depende de la simetría: las meras cualidades sensibles (colores y tonos), y también las cualidades morales, pueden tener belleza aunque no puedan ser simétricas (incluso un objeto puede perder parte de su belleza sin perder simetría alguna: cuando una persona muere). Consiguientemente, la simetría no es condición necesaria ni suficiente de belleza.
No hay belleza sin participación en la forma ideal, es decir, sin encarnación de las ideas platónicas; lo que marca la diferencia en una piedra antes y después de que el artista la esculpe, es que el escultor le da forma.
En la experiencia de la belleza, el alma goza al reconocer en el objeto cierta "afinidad" consigo misma porque en esta afinidad se hace consciente de su propia participación en la forma ideal y en su divinidad. Aquí se halla la fuente histórica del misticismo y del romanticismo en la estética. La belleza es "algo que se percibe a primera vista, algo que el Alma reconoce como si la conociera de antiguo e identificándola, forma unión con ella. Pero deja que el Alma se hunda en la Fealdad y enseguida se retraerá, rechazará el objeto, se apartará de él disconforme, ofendida" (I.6.2)
El amor, en el sistema de Plotino, es siempre el amor de la belleza, de una belleza suprema y absoluta, a través de sus peores y mejores manifestaciones en la naturaleza o en la obra del artista-artífice.
Nos remontamos de la contemplación de la belleza sensible al goce de las acciones bellas, a la belleza moral y a la belleza de las instituciones, para alcanzar finalmente la belleza absoluta. Plotino distingue tres caminos hacia la verdad: el del músico, el del amante y el del metafísico; y habla de la naturaleza como dotada de una hermosura susceptible de provocar en su extasiado admirador la idea de esas y otras bellezas más altas que se ven reflejadas en ella.
No debemos despreciar las artes apelando a que son meras imitaciones, porque
tanto el pintor como el objeto que reproduce son, después de todo, sendas
imitaciones de la forma ideal; más aún, el pintor puede ser capaz de imitar
hasta tal punto la forma, que "supla las deficiencias de la naturaleza".
c) La forma interna
No es que Plotino niegue la symmetria, sino que considera que ésta es tan sólo una manifestación externa de la belleza, pero no su esencia.
La belleza deriva de la unidad y ésta no existe en la materia, y por ello no puede ser fuente de belleza. Luego, la fuente de la belleza puede ser sólo el espíritu. La belleza, en definitiva, no es ni la forma, ni el color, ni el tamaño, sino el alma. Y si el alma goza con los fenómenos sensoriales (colores y formas) es porque en ellos se expresa el alma. Todo lo que es una forma perceptible en el mundo, ha de venir de "allá".
Su estética es una teoría de la "forma intrínseca"; toda obra de arte presupone una forma inherente, esto es, una forma o imagen que el artista lleva en su mente antes de expresarla en la materia amorfa. Cualquier valor (belleza) que la obra de arte material posea, deriva de dicha forma que reside en la mente del artista. La forma intrínseca es una, las obras creadas son numerosas.
Platón admitía sólo la belleza intelectual; muchos estetas del helenismo sólo la sensorial. Plotino veía en la belleza una propiedad del mundo de los sentidos, pero proveniente del mundo intelectual que se revela en aquél: si los cuerpos son bellos, lo son por el espíritu:
El concepto de Plotino de belleza es ambiguo:
Sólo el espíritu es capaz de reconocer al espíritu y, por tanto, sólo él puede percibir la belleza, logrando captarla y recibirla en razón a su mutuo parentesco. "Sólo el alma que ha llegado a ser bella puede ver la belleza" y "la reconoce a primera vista". Cada ser humano debe llegar a ser divino o bello, si es que quiere percibir la bondad y la belleza.
La estética de Plotino es espiritualista, pero no antropocéntrica. El
espíritu que decide sobre la belleza no es un espíritu exclusivamente humano. En
la naturaleza hay más fuerzas espirituales y creativas que en el hombre. Si la
naturaleza es bella es porque en ella trasluce la idea, y si es bello el arte es
porque el artista le insufla su idea. Pero siempre hay más belleza en la
naturaleza que en el arte. "Un ser vivo, incluso cuando es feo, será más
hermoso que una bonita estatua".
d) La teoría del arte
De su teoría se deriva una nueva concepción de la función de las artes. Hasta entonces se creía que las arte plásticas tenían sólo una función representativa. Este concepto mimético perdió, con Plotino, todo su fundamento. "Si alguien desprecia las artes porque obran imitando la naturaleza, hay que decirle que... las artes no imitan simplemente lo visible, sino que se remontan a las razones de las que deriva la naturaleza; y también que producen por sí mismas; pues añaden cualquier cosa que falta, como poseedoras de la belleza".
El artista ya no es un imitador. Escribió que Fidias esculpió a su Zeus no fiándose en lo que veía, sino imaginando la forma en la cual el dios se habría aparecido si hubiese deseado revelarse a los hombres (V.8.1). "Aquellos antiguos sabios que trataban de asegurar la presencia de los seres divinos mediante la erección de santuarios y estatuas, demostraron poseer un conocimiento profundo de la naturaleza del Todo; percibieron que, aunque el Alma se encuentra por todas partes, será más segura aún su presencia si se elabora un receptáculo, un lugar especialmente capaz de albergar alguna porción o fase de ella, algo que la reproduzca o represente, o sirva de espejo para captar su imagen".
Si comparamos dos bloques de piedra de los cuales uno está sin tocar, mientras que en el otro se ha esculpido una estatua. Uno de los bloques está "sin modelar, sin haber sido tocado por el arte"; el otro está "minuciosamente trabajado por la mano de un artesano" y presenta la forma de un dios. ¿Qué les diferencia? El hecho de que al segundo el arte le ha proporcionado una forma: el bloque tallado es más bello que el bruto y todo ello "en virtud de la Forma o Idea introducidas por el arte". La piedra no poseía esa forma, pero sí la tenía en su mente el artista: la forma de la estatua no es imitada en realidad de la naturaleza, sino tomada de la idea que poseía el artista. Esta Forma, dice Plotino en un pasaje que se ha convertido en una formulación clásica de la creatividad del artista,
"no está en el material: se encuentra en el diseñador antes de que penetre en la piedra, y el artífice no la ejecuta por el hecho de estar dotado de ojos y manos, sino porque participa en su arte. La belleza, así, existe en un estado supremo en el arte, ya que no sobreviene totalmente en la obra; esa belleza original no se transfiere. Lo que se transmite es una belleza derivada y menor, e incluso ésta no se manifiesta íntegramente en las estatuas, ni siquiera con una total realización de intención, sino sólo en la medida en que ha vencido la resistencia del material" (V.8.1)
El arte nace, pues, en virtud de la idea del artista. Si para Cicerón la idea en la mente del artista era simplemente un fenómeno psicológico, para Plotino era ya un fenómeno metafísico, y como tal un reflejo del modelo trascendente.
¿Es, pues, el artista un creador? Sí, en el sentido de que el artista no reproduce la realidad, sino la "forma interna" que atesora en su mente. No, en el sentido de que la forma interna no es producto suyo, sino reflejo de un modelo que es eterno.
el artista representa al principio creador y de ahí su superioridad respecto a la obra que crea (Plotino sitúa al artista en un nivel superior al de la obra que crea, puesto que está más cerca de la perfección absoluta de lo que puede estarlo el objeto material que produce)
El arte es, también, conocimiento, porque concibe al espíritu que es la verdadera existencia. No se trata de un conocimiento científico, sino de un conocimiento que puede expresarse en imágenes o que puede conseguirse mediante la directa contemplación. "La sabiduría de los dioses y de los benditos no se expresa en enunciaciones sino en imágenes hermosas".
De sus presupuestos se deduce una relación directa entre artes y belleza. Plotino vio en la belleza el primer objetivo del arte, su valor y medida.
El arte paleocristiano fue un equivalente de las ideas metafísico-estéticas de Plotino, dándose un paralelismo entre teoría estética y práctica artística, aunque la teoría no ejerciera influencia alguna sobre la práctica, ni la práctica sobre la teoría.
Su teoría llegó a ser un componente definitivo de la estética medieval, siendo asumida por los primeros Padres de la Iglesia. El arte creado por los primeros cristianos, como negación del arte clásico y puramente representativo, se correspondía fielmente a la teoría de Plotino. En particular, el arte bizantino fue una clara realización del programa de Plotino.
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