1. El manjar de los dioses

¿Es la comida sólo una necesidad fisiológica?

En la literatura y la filosofía griegas, a menudo nos encontramos con obras que llevan un título relacionado con la comida: Jenofonte, El banquete; Platón, El banquete; Plutarco, El banquete de los siete sabios; Ateneo, Festín de palabras. Comer, pues, no está concebido sólo como una necesidad biológica: la mesa implica reparto, invitación, diálogo; placer y relación social son los dos aspectos básicos de los convites. Es cierto que existe la necesidad de comer: "Esto da fuerza y valor. Estando en ayunas no puede el varón combatir todo el día, hasta la puesta del sol, con el enemigo: aunque su corazón lo desee, los miembros se le entorpecen, le rinden el hambre y la sed y las rodillas se le doblan al andar "(Ilíada, XIX, 161-166). Pero además de una necesidad, la comida es placer. Así lo confiesa el porquerizo Eumeo a Ulises: A pesar de la dura vida, los dioses son complacientes cuando le conceden a un mortal el placer de la carne y la dicha de convidar a los amigos (Odisea XV, 371-373).

También los dioses necesitan comer. Los dioses griegos no tienen sangre, sino un tipo de líquido, el ichôr, y ello es debido a una alimentación sin cereales ni vino. Una característica de la divinidad viene dada por su régimen alimenticio: ser un dios supone pertenecer a una sociedad en la que se come de una manera determinada -o, mejor dicho, no se come-; su naturaleza viene dada por sus hábitos alimenticios. Un dios es lo que come. Y qué comen los dioses? Veamos lo que nos dice Zeus:

"Hay que ver, yo, rey y padre de todo y de todos, cuántas incomodidades soporto, cuántos problemas tengo, con la mente puesta en tan gran número de preocupaciones. A mí me toca inexorablemente, lo primero, inspeccionar las tareas de los demás dioses que me ayudan de algún modo en mi gobierno, para que no recaneen en ellas. Después tengo que hacer miles de cosas que casi se me escapan por su pequeñez. Porque, organizando y administrando yo mismo las más importantes de mis actividades --lluvias, tempestades, huracanes y relámpagos--, no sólo no me he liberado de preocupaciones de menos monta, sino que tengo que hacer todo eso y al tiempo supervisarlo todo, ver a los que están robando, los que juran en vano, los que hacen sacrificios por si alguien ha derramado la libación, de dónde sube la grasa y el humo, quién, enfermo o en apuros por el mar me llamó en auxilio, y lo más fatigosos de todo, en un instante tengo que asistir a la hecatombe de Olimpia, observar a los que guerrean en Babilonia, enviar una tromba de agua al país de los getas y darme un buen banquete entre los etíopes. Y ni aún así resulta fácil evitar las censuras, sino que, en muchas ocasiones, "los demás dioses y algunos hombres con penachos de crin de caballo" se duermen toda la noche, y a mí, Zeus, no me sorprende el dulce sueño. Porque, si me amodorrara un poquito, al punto se demostraría que tiene razón Epicuro cuando afirma que no nos preocupamos de los asuntos de la Tierra. Y el peligro no es en absoluto desdeñable si los hombres le hacen caso en ese punto: los templos se nos quedarían sin coronas, las calles sin olor a grasa y humo de las víctimas, las cántaras de vino sin gente que nos haga libaciones, los altares fríos; en una palabra, nos quedaríamos sin sacrificios y sin ofrendas, con lo que el hambre sería abundante. En consecuencia, igual que los pilotos, me he quedado solo en las alturas llevando el timón entre mis manos, y los marineros, unos borrachos, si acaso, duermen, mientras yo, en vela, sin comer, me preocupo por todos en lo más profundo de mi ser y en mi corazón, pues he recibido yo solo la distinción, al parecer, de ser jefe. Así que con gusto preguntaría yo a los filósofos que consideran felices únicamente a los dioses, cuándo piensan que nos queda tiempo libre a nosotros, que tenemos miles de asuntos que atender, para el néctar y la ambrosía"

 

Actividades de aprendizaje

1. En este apartado hemos querido resaltar que la comida no sólo responde a una necesidad fisiológica sino también social. ¿Qué ejemplos y argumentos estudiados en las formas de alimentación del Paleolítico están de acuerdo con la anterior afirmación? ¿Qué ejemplos actuales (celebración de alguna festividad, reunión de familia...) demuestran el carácter social de la comida?

2. También lo que se come tiene un gran contenido social: las distintas clases sociales comen, en cantidad y calidad, cosas distintas. Desde esta perspectiva, comenta la frase: "Uno es lo que come"

3. Y, ¿qué comían los dioses, según este texto de Luciano?

4. Hay un momento del texto en el que Zeus teme pasar hambre. ¿Por qué? ¿Quién alimenta a los dioses?

5. ¿A qué se dedica Zeus, que casi no tiene tiempo ni para comer?

6. ¿Qué es lo que diferencia, según el texto, a los dioses de los hombres?

7. ¿Qué idea tenían, pues, los griegos de sus dioses? ¿Para qué servían los dioses?

 

2. Hábitat, producción y comida

¿En qué entorno desarrollaba la vida la población greco-romana?

Hay algo que llama poderosamente la atención: las civilizaciones de Grecia y Roma, a pesar de su refinamiento y el nivel cultural alcanzado, no desarrollaron prácticamente ninguna innovación técnica. Sus tecnologías eran las que se habían desarollado y difundido en los dos o tres siglos precedentes. Las habilidades técnicas de los griegos de la época de Pericles apenas eran distintas de la de los celtas de La Tène. Los griegos sólo conocían una cosa que ignorasen sus contemporáneos de la Edad de Hierro: la escritura, y tenían una institución peculiar que les distinguía: la polis. El hombre, decía Aristóteles (Política, I, 2) es un animal "político", hecho por naturaleza para la vida en la polis. Griegos y romanos se apresuraban a crear ciudades en las tierras de sus respectivos imperios. Estrabón (Geografía, III, 2, 15) califica de "costumbres dulces y cultivadas" las desarrolladas por los habitantes del sur de España y lo atribuye a que vivían en ciudades; los celtas, en cambio, no tenían estas costumbres "pues la mayor parte viven el aldeas"

Si pudiéramos formarnos una imagen genérica de la polis griega, la representaríamos como un recinto amurallado, situado en un lugar prominente y dominado por una especie de fortaleza o acrópolis, remanente de la era anterior de los "tiranos". De las murallas para adentro, habría calles estrechas de casas pequeñas, hechas de adobe y madera, con poca piedra. En alguna parte entre las casas amontonadas habría una plaza pública o ágora, tal vez limitada por la columnata de una stoa y dominada por un templo. En el límite del área edificada, o incluso fuera de las murallas, acaso hubiera un teatro semicircular, cuyas filas de asientos se alzarían delante del proscenium. También podía ser que hubiese un gimnasio donde los jóvenes hiciesen ejercicio y los viejos pudiesen sentarse a mirar. En algunas polis, se llevaba el agua mediante conductos y cañerías a una fuente pública, si bien la ingeniería hidráulica de los griegos nunca alcanzó el nivel al que más tarde llegaría la de los romanos".

Fijémonos que estas características no están relacionadas con la producción, sino con la vida social: la gente se reúne para los negocios o por placer y se sientan a hablar y a discutir. No es casualidad que los estoicos, nombre de una escuela de filósofos encabezada por Zenón, tomen el nombre de la stoa de Atenas.

El problema de la polis griega es que no consiguió establecer una base económica estable capaz de mantenerla a largo plazo. Tenía un carácter predominantemente agrícola, con una artesanía a pequeña escala y no especializada. "En las pequeñas ciudades el mismo artesano hace las sillas y las puertas, los arados y las mesas, y suele ser el mismo artesano quien construye las casas, y a pesar de todo, aún puede dar gracias si tiene trabajo suficiente como para mantenerse" (Jenofonte, Ciropedia, VIII, II, 5)

Cómo sin ningún progreso tecnológico, una simple sociedad agraria pudo mantener un modo de vida tan complejo y crear monumentos no productivos de belleza perdurable?:

- por la explotación de mano de obra esclava

- porque Atenas se apropió de los fondos de la Liga de Atenas acumulados para la defensa contra los persas

- por el aprovechamiento cuidadosamente planeado de los recursos materiales y humanos

Si el mundo griego es un mundo centrado en torno a la polis, la inmensa mayoría de los habitantes del Imperio Romano vivían en pueblos y aldeas y granjas aisladas. Para la mayoría, la ciudad era un lugar remoto y casi extranjero. Estos eran los pagani, los campesinos, término que más adelante adquirió connotaciones religiosas por el hecho de que el cristianismo se difundió primero en las ciudades y llegó por último a los campesinos que vivían en las zonas rurales más alejadas. La villa era la intermediaria en el lento proceso de romanización del campo: era el centro de una hacienda rural. Designa tanto las residencias de los ricos como una explotación agrícola propietaria de un provinciano rico. La población rural vivía mayoritariamente en aldeas, en casas de madera. El piso de algunas se encontraba por debajo del nivel del suelo para permitir que sus paredes de poca altura soportasen unas toscas vigas y una simple cubierta vegetal. Sus habitantes practicaban una agricultura de subsistencia.

 

Actividades de aprendizaje

1. El mundo greco-romano presenta una paradoja: a su gran nivel de desarrollo filosófico, literario y artístico no le corresponde un nivel parecido de desarrollo tecnológico. ¿Qué papel pudo jugar la esclavitud en esta situación?

2. Describe cómo era una ciudad griega o romana. Subraya el hecho que todo el urbanismo estaba diseñado para servir a la relación, a la comunicación, y no a la producción.

3. Los dos elementos que mejor definen el mundo griego es la escritura y la polis. Relaciona ambos elementos con su sistema político, la democracia.

4. En el mundo romano se da una clara oposición entre campo y ciudad. ¿En qué aspectos se manifiesta esta oposición?

5. En este apartado hemos visto un claro ejemplo de cómo las palabras se cargan con un significado distinto al que tenían originariamente. Explica este proceso a partir de la palabra "pagani"

6. ¿Cómo era la artesanía en las ciudades greco-romanas?. Según las informaciones suministradas, el nivel de demanda de productos artesanales era bajo. Aventura una hipótesis que permita explicarlo

¿Cómo podríamos definir las bases de la producción del mundo greco-romano?

En la polis griega la tierra se explotaba en minifundios (las grandes fincas eran excepcionales), al igual que en la antigua Italia hasta las Guerras Púnicas de finales del siglo III ane.: en este momento la pequeña explotación cedió su puesto al latifundium, cultivado por esclavos. Pero los métodos, herramientas y productos eran los mismos que los de la Edad de Hierro.

Los pueblos clásicos utilizaban un arado de madera ligero, el aratrum, que estaba formada básicamente por una sola pieza que cortaba la tierra, sin vertedera, las manceras con las que se guiaba y un timón unido al yugo donde se uncía el buey. Este arado abridor cortaba la tierra sin removerla ni arrancar las malas hierbas; se daban dos pasadas, una en cada dirección. Podía llevarse fácilmente de un extremo al otro el campo y luego hacerlo girar al final del surco; las grandes parcelas no aportaban ningún beneficio a este tipo de arado, y por los escaso documentos que poseemos podemos pensar que eran parcelas pequeñas y cuadradas.

Antes de la caída del Imperio Romano apareció una nueva clase de arado, que muchos siglos más tarde revolucionaría la agricultura: era un arado pesado -caruca- provisto de una cuchilla, que cortaba verticalmente la tierra, y una reja, que la cortaba horizontalmente y la revolvía. Era mucho más eficaz pero más pesado, difícil de manejar, era difícil darle la vuelta al final de cada surco y necesitaba que varios animales tirasen de él. Según Plinio, este arado procede del sur de Alemania y necesitaba un par de ruedas. No servía para el área mediterránea, con terrenos abruptos y poco pasto para alimentar a los animales de tiro. Su uso no llegó a generalizarse en la época clásica. Es una herramienta que se adecúa mejor a los latifundios y a las parcelas alargadas (no hay que darle la vuelta tan a menudo).

El cultivo de cereales siguió siendo el eje principal de la agricultura clásica. En el Atica, la cebada era el principal cultivo. Los tributos de Eleusis recibidos entre el 329 y el 28 ane indican que más de tres cuartas partes de las tierras cultivadas se dedicaban a la cebada y el resto estaba sembrado de trigo. La cebada común se adecuaba mejor al suelo seco y alcalino que otros cereales, pero daba un pan muy malo y solía comerse en forma de gachas, condimentadas con semillas de sabor más fuerte, como linaza o cilantro (Plinio, Historia Natural, XVII, XIV, 74). El trigo que se cultivaba era mayoritariamente escanda de Navarra, de paja corta y fácil de descascarillar y moler; su alto contenido en gluten permitía la elaboración de un pan esponjoso. Los pobres comían cebada (a veces sustituida por avena y centeno) y los ricos trigo.

Italia, situada algo más al norte que Grecia y con un clima más húmedo, era más apta para el cultivo de trigo. La variedad dominante al norte era la espelta (algo difícil de descascarillar y de trillar), de la que descienden la mayoría de los trigos actuales.

El centeno, que se cultivaba bastante en el norte de los Alpes, fue introducido en el norte de Italia por grupos de invasores, pero nunca compitió con el trigo. Siguió siendo el cultivo de los climas fríos y los suelos ácidos del norte de Europa.

La avena no tenía ninguna importancia salvo en las tierras más pobres de la Europa central y del norte; no servía para hacer pan y se comía generalmente en gachas o puches o se horneaba para preparar una torta, que al no tener gluten, no sube. Se convirtió en el pienso principal de los caballos.

Era práctica corriente cultivar los campos en años alternos y dejarlos en barbecho entretanto; a menudo se sobreexplotaban con el subsiguiente deterioro del suelo.

La cría de animales en la Europa meridional estaba muy limitada por el clima y la falta de pastos durante el verano. Las ovejas y las cabras eran las más abundantes, puesto que eran las que mejor se adaptaban a estas circunstancias. Se practicaba un pastoreo estacional cuyo origen seguramente se remonta en los tiempos en que la sociedad era aún nómada. Los animales invernaban en las tierras bajas y en verano se trasladaban a las montañas. La Lex Agraria del 111 ane velaba por el mantenimiento, libre de obstáculos, de las cañadas.

La incorporación de animales en la dieta varía en función de los factores materiales que afectan los costes necesarios para obtenerlos. Y en Europa, la distribución de animales como los cerdos, vacas y ovejas ha dependido durante mucho tiempo de sus diversos hábitos y necesidades alimentarias, y de las condiciones climáticas que las favorecían. Las vacas y las ovejas, al ser rumiantes, han predominado donde había pastos, mientras que los cerdos han sido más abundantes donde existían alimentos naturales concentrados como las nueces. Los grandes bosques de hoja ancha caduca que cubrían la mayor parte de Europa occidental estaban poblados por cerdos que se alimentaban de bellotas silvestres y hayucos. La distribución de las vacas y ovejas, por otra parte, la determinaba esencialmente la ausencia de bosque y la consiguiente limitación para la cría de cerdos. Así, el ganado vacuno predominaba en las zonas del noroeste de Europa donde el clima favorecía la existencia de extensos pastos naturales, mientras que las ovejas, que eran más resistentes, tuvieron mayor importancia en las regiones secas alrededor del Mediterráneo. En Europa, la domesticación de animales está regionalizada por factores climáticos y medioambientales: así, el ganado vacuno predomina en las latitudes centrales de Europa, y el consumo de carne de vacuno es bajo en los fríos países escandinavos y en las zonas áridas del sur como Grecia, España y Portugal, donde las ovejas superan ampliamente a las vacas. La presencia de los cerdos la determina la accesibilidad a alimentos concentrados; por consiguiente, la cría de cerdos se da esencialmente en áreas con una densidad humana comparativamente alta que requieren un uso intensivo y no extensivo de la tierra. Así, las tasas más altas de consumo de carne de cerdo se encuentran en la Europa del norte y central. De la misma manera que el bosque ayudó a que el cerdo tuviese un papel considerable en la dieta de los primeros europeos, la contracción de los bosques de Europa dio lugar al declive de la importancia dietética de la carne porcina.

Actividades de aprendizaje

1. Describe en qué consiste un arado.

2. ¿Cómo la tipología del arado condiciona la forma de los campos de cultivo?

3. Enumera las diferencias más importantes entre el aratrum y la caruca

4. Relaciona ambos arados con el clima, los recursos y el tipo de suelo

5. ¿Cuál es el cereal más cultivado en Grecia? ¿Por qué? ¿Qué ventajas e inconvenientes tenía?

6. ¿Por qué en Italia se cultivaba más trigo que en Grecia?

7. ¿En qué consiste el barbecho?

8. Sitúa sobre un mapa de Europa la distribución de los distintos tipos de ganado. Establece una relación entre los recursos ganaderos y el tipo de dieta carnívora

Si este era el sistema básico de producción de alimentos, ¿cuál era la dieta de la Antigüedad clásica?

Su base eran los hidratos de carbono en forma de cereales, cocinados, en la medida de lo posible, en forma de pan o consumidos como gachas. Se suplementaban con verduras, fruta y aceite de oliva, una fuente de proteínas. El pescado era una elemento importante de la dieta en la costa. Se consumía leche, sobretodo de cabra, y en parte conservada en forma de queso. La gente corriente comía poca carne, ya que la cría de animales domésticos era poco importante y en su mayoría se empleaban como animales de tiro o para la obtención de lana. Las legumbres y la linaza eran fuentes de proteínas, pero el principal aceite vegetal era el de oliva, planta originaria del Mediterráneo oriental que se había extendido por todo el litoral mediterráneo. El olivo no soporta los inviernos fríos y es de crecimiento lento (tarda unos veinte años en dar fruto): un olivar exige, pues, un fuerte desembolso de capital y su destrucción, por una guerra, es mucho más grave que la quema de una cosecha. Se han encontrado prensas de aceite desde la época minoica hasta Pompeya. La producción y el comercio de aceite de oliva tuvieron gran importancia en la época romana, hasta el punto de que parece dudoso que algún otro producto alimentario, incluso el vino, tuviese una mayor importancia comercial. La mayoría de ánforas encontradas se utilizaban para guardarlo y transportarlo. Era un cultivo propio de agricultores modestos; un campesino de Aristófanes espera tener:

Primero una hilera de vides...

y luego a su lado, esquejes de higuera,

después la vid de la heredad... [pero

en derredor crecerán los olivos formando un bello seto

Aristófanes, Los Acarnenses, vv. 994-998

La producción comercial de aceite era escasa en Grecia, pero en tiempos de los romanos los olivares eran importantes en los latifundios o las villas, seguramente una de las fuentes de ingresos principales de sus propietarios.

La historia del olivo se confunde con la de la agricultura y con la de las culturas mediterráneas. Ya en el Génesis (VIII-11), después del diluvio, regresó la paloma "y traía en su pico una rama de olivo! Así supo Noé que las aguas habían menguado hasta el nivel de la tierra". Y también encontramos el olivo en la cuarta letra de los primeros alfabetos (aleph o buey, beta o casa, gamal o camello, zai u olivo): ganado, vivienda, transporte y agricultura, he ahí los cuatro fundamentos de una cultura.

Donde el olivo se retira, termina el Mediterráneo. Por ello todos los pueblos mediterráneos antiguos reivindican, cada uno para sus dioses, el descubrimiento y el empleo del olivo. Detengámonos en el mito griego: En el Olimpo, Atenea y Poseidón se disputaban el Ática; Poseidón hizo surgir de los abismos del mar el caballo "hermoso, rápido, capaz de tirar de carros pesados y de ganar batallas". Atenea hizo crecer un olivo "susceptible de proporcionar la llama para iluminar las noches y aliviar las heridas y de generar un alimento precioso, rico en sabor y suministrador de energía". Los dioses juzgaron que el árbol, símbolo de la paz, era de mayor utilidad para la humanidad que el caballo, imagen de la guerra, y concedieron a la diosa la soberanía de la región y de la ciudad.

El tercer pilar de la agricultura mediterránea, después de los cereales y el olivo, era la vid. Llegó a Europa procedente de Oriente Medio, y de Grecia pasó a Italia desde donde se extendió a todas las provincias del imperio. Era de calidad muy variable: el común era muy peleón pero también se producían vinos de calidad. Su creciente demanda hizo que su cultivo se extendiera por gran parte de la Península Ibérica y la Galia.

Unas tablillas encontradas en Pompeya nos ofrecen una lista de las compras efectuadas durante nueve días por una familia compuesta de dos personas y un esclavo; éstas son las compras alimenticias:

primer día: queso, un as; pan, ocho ases; aceite, tres ases; vino, tres ases.

segundo día: pan, ocho ases; aceite, cinco ases; cebollas, cinco ases; pan para el esclavo, dos ases.

tercer día: pan, ocho ases; pan para el esclavo, cuatro ases; sémola, tres ases

cuarto día: pan, ocho ases; vino, dos ases; queso, dos ases

quinto día: pan, dos ases; espelta (trigo), dieciséis ases; dátiles, un as; queso, dos ases; morcilla, un as; queso blando, cuatro ases; aceite, siete ases;

sexto día: aceite, veinticinco ases; pan, cuatro ases; queso, cuatro ases; puerros, un as

séptimo día: pan, dos ases; pan para el esclavo, dos ases;

octavo día: pan para el esclavo, dos ases; hogaza, dos ases; puerros, un as

noveno día: pan, dos ases; hogaza, dos ases; aceite, cinco ases; sémola, tres ases; pescadito, dos,ases

 

Monedas romanas de los dos primeros siglos de nuestra era

nombre metal valor

Aureo oro 25 denarios o 100 sestercios

Denario plata 4 sestercios o 16 ases

Sestercio bronce 4 ases

Doble as bronce medio sestercio o 2 ases

As cobre 2 medios ases o 4 cuartos

"Según Petronio, una comida más solida que la acostumbrada consistía en cebollas, caracoles y vino en poca cantidad. Un zapatero, según Juvenal, come cebolleta y morro de cordero hervido, y una familia pobre, según Marcial, gobios, cebollas y queso. Lo corriente, al parecer, es que ésta se alimentase de coles o, según Terencio en una de sus obras, de pan negro mojado en un tazón de caldo. Los mercaderes ambulantes pregonaban en Roma salchichas y garbanzos. Con trigo, aceite y un puñado de sal, se confeccionaban unas sabrosísimas gachas. En estas circunstancias nos quedan un poco lejos la descripción de fastuosos festines de Petronio y Séneca. (Jean-Louis Vatinel: El coste de la vida, a Vida cotidiana en Roma (1). Cuadernos Historia 16. Madrid. nª 112, pág. 16 ss)

Calculando el precio y la cantidad de estos alimentos obtendríamos la tabla siguiente:

producto medida precio

vino sextario (1/2 l) de 1 a 4 ases

aceite libra (0,330 kgr) 1 sestercio

trigo celemín (6,5 kgr) 3 sestercios

pan 2-5 ases

acelgas, sal 1 as

mostaza, hierbabuena 1 as

nabos libra 1-2 sestercios

buey o cordero libra 2-5 ases

Si éstos son algunos de los precios, veamos cuáles eran los salarios. Un cónsul podía ingresar un millón de sestercios al año; un médico reputado, cuatrocientos mil sestercios; un profesor estatal de retórica, cien mil sestercios; un legionario del ejército en la época de César, 900 sestercios; un centurión entre veinte mil y cuarenta mil sestercios; el jornal de bracero en el Próximo Oriente en el siglo I era un denario al día; el salario de un obrero diario podían ser dos sestercios y un as más alojamiento y manutención. El salario anual de un obrero podía oscilar entre 720 y 2.200 sestercios.

Actividades de aprendizaje

1. Enumera los componentes básicos de la dieta "mediterránea"

2. A partir de la información que nos suministran las tablillas de Pompeya, ¿qué conclusiones puedes sacar sobre el tipo de dieta de esta familia?

3. ¿Cuál es la idea central del texto de J.L. Vatinel?

4. A partir de la lista de precios y salarios, deduce por cuánto se podía comer al día y qué le costaba a un obrero su alimentación anual.

3. "Panem et circenses"

Juvenal, en su famosa diatriba contra el Imperio, sentenció: "Desde que no puede vender sus votos, él, que antaño llevaba por el mundo su poder, su emblema y sus legiones, se ha convertido en un pueblo degenerado que ya sólo desea, con una ansiedad codiciosa, dos cosas: pan y juegos (panem et circenses)". Al margen de su contenido político, quedaba claro que "el pueblo romano está preocupado fundamentalmente por dos cosas: su alimentación y los espectáculos" (Frontón). Efectivamente, los Césares se encargaban tanto de alimentar a su pueblo como de distraerlo.

En Roma se hacían unas tres comidas al día: el jentaculum, el prandium y la cena. Según Marcial, el jentaculum se compone de pan y queso; el prandium consistía en una pedazo de pan acompañado de carne fría, verduras o fruta, regado con un poco de vino. Ambas solían ser, pues, comidas frías, realizadas de pie y a toda prisa. La única comida importante era la cena. A pesar de que las películas nos presentan a los romanos como insaciables glotones y amantes de opíparas comidas, lo cierto es que hasta bien entrada la noche no probaban bocado. Imaginándonos las cenas de la antigüedad como monstruosos banquetes cometeríamos el mismo error que si un historiador, dentro de mil años, afirmase que nosotros siempre comíamos como el día de Navidad.

Se cenaba después del baño, a la hora octava en invierno y a la nona en verano.

Horas diurnas en el solsticio de invierno Horas diurnas en el solsticio de verano

Hora prima de 7,33 a 8,17 de 4,27 a 5,42

Hora secunda de 8,17 a 9,2 de 5,42 a 6,58

Hora tertia de 9,2 a 9,46 de 6,58 a 8,13

Hora quarta de 9,46 a 10,31 de 8,13 a 9,29

Hora quinta de 10,31 a 11,15 de 9,29 a 10,44

Hora sexta de 11,15 a mediodía de 10,44 a mediodía

Hora septima de mediodía a 12,44 de mediodía a 1,15

Hora octava de 12,44 a 1,29 de 1,15 a 2,31

Hora nona de 1,29 a 2,13 de 2,31 a 3,46

Hora decima de 2,13 a 2,58 de 3,46 a 5,2

Hora undecima de 2,58 a 3,42 de 5,2 a 6,17

Hora duodecima de 3,40 a 4,27 de 6,17 a 7,33

 

Una cena normal terminaba antes de que se hubiese hecho noche cerrada. Los juerguistas, sin embargo, acababan, según Marcial, en el momento "en que se levantaba la estrella del alba, en el mismo instante en que los generales hacen avanzar las enseñas y levantan el campamento".

Los romanos acomodados cenaban el en triclinium, una sala doble de larga que de ancha, llamada así por el lecho de tres plazas (triclinia) sobre los que se recostaban los invitados. Aunque a nosotros nos pueda parecer incómodo, para ellos era un signo de elegancia y una señal de superioridad social; comer sentado sólo lo hacían los niños, los esclavos y los viajeros en las tabernas.

Tenían cuchillos, mondadientes y cucharas, y no utilizaban tenedores. Comían con los dedos y, por ello, se lavaban a menudo: antes, durante y después de la comida; algunos esclavos con aguamaniles vertían agua fresca y perfumada en las manos de los comensales y luego les secaban con una toalla. Cada invitado tenía una servilleta en la que se llevaba todo lo que no había podido comer.

He aquí dos ejemplos de la sobriedad de las comidas de la clase media romana:

a) una cena en casa de Marcial para siete invitados

"Mi criado me ha traído unas malvas laxantes y los variados frutos que da mi huerto para añadir a la lechuga machacada y al puerro cortado en rodajas, sin olvidar la suave menta ni el jaramago que dispone para el amor. Unos huevos cortados en pedacitos coronarán las anchoas sobre un lecho de ruda y habrá tetillas de cerda aderezadas con salmuera de atún. Esto en cuanto a los entremeses. Después, mi modesta cena sólo ofrecerá un plato único: un cabrito hurtado a los colmillos de un feroz lobo, chuletas a la plancha, habas y tiernas coles verdes. A esto añadiré un pollo así como un jamón que ha sobrevivido a tres cenas más. Cuando ya no tengáis hambre, os serviré frutas maduras y un frasco de Nomentum..."

b) una cena en casa de Juvenal con un amigo

"Escucha el menú; por los gastos no hay de qué preocuparse. De los pastos de Tibur me traerán un cabrito bien cebado, el más tierno del rebaño; aún no habrá tenido tiempo de pacer ni se habrá atrevido a morder los retoños de los jóvenes sauces: tendrá más leche que sangre. Tendremos espárragos silvestres recogidos por una granjera que habrá dejado su huso para ir a buscarlos y unos huevos gordos y aún tibios por el calor del lecho de heno donde habrán estado. Tendremos uvas conservadas durante parte del año, tan buenas como las de las cepas, peras de Signia y manzanas de fresco perfume que pueden rivalizar con las de Picenum".

Actividades de aprendizaje

1. Al igual que el circo en la época de los romanos, a menudo se ha culpado al fútbol de servir de factor de alienación, o de control político o de válvula de escape de los problemas sociales, laborales... Debate con tus compañeros de clase el acuerdo o desacuerdo con este postulado. ¿Por qué las rivalidades entre clubs o entre selecciones suelen, a veces, sobrepasar el marco deportivo y teñirse de ribetes "nacionalistas"?

2. Observa cómo estaban distribuidas las horas durante el día y cómo variaban si se trataba del invierno o del verano. ¿Qué te permite pensar la existencia de estos dos tipos de horarios? ¿Cuándo empezaba y terminaba el día?

3. Resumen, brevemente, en qué consiste la cena en casa de Marcial. ¿En qué se parece y en qué se diferencia de la de la casa de Juvenal?

 

4. Los pueblos germánicos

Los pueblos germánicos cultivaban parcelas pequeñas con arados ligeros, practicando una agricultura itinerante (la tierra se cultiva durante un cierto tiempo y luego se abandona para pasar a roturar otra parcela). Entre los cereales destaca el centeno, por su capacidad de adaptación al suelo y al clima.

Su dieta era más abundante en carne y productos animales que la de los habitantes del Imperio. Las condiciones geográficas facilitaban la cría de ganado. El vacuno se empleaba en la labranza, y el ovino para obtener lana. Se han conservado restos abundante se cerdos. La caza también desempeñaba un papel abundante

 

5. Dos dietas, dos culturas

La cultura griega y la romana no valoraban demasiado la naturaleza salvaje: ésta era la antítesis de la civilización (palabra que deriva de "cives", ciudad). Los latinos distinguían ager (conjunto de terrenos cultivados) de saltus (terrenos no productivos, yermos). El bosque, a pesar de que era explotado, era sinónimo de exclusión: sólo el refugiado, el marginado, el fugado, recurrían a él para buscar su sustento. Estamos, pues, ante una cultura que tiene como eje económico la agricultura y la arboricultura. el trigo, la vid y el olivo eran sus tres pilares. "Todo lo que tocaban mis hijas se convertía en trigo, en vino puro o en aceitunas" leemos en las Metamorfosis de Ovidio (XIII, 652-654). Además de estos tres cultivos, tienen también importancia la horticultura y la ganadería ovina. Este sistema de producción estaba vinculado a un sistema de alimentación (que podemos llamar "mediterráneo"), caracterizado por su dieta vegetal, basado en las gachas y el pan, el vino, el aceite y las verduras, completado con un poco de carne y, sobre todo, con queso.

El sistema de producción y los valores asociados a él de los pueblos "bárbaros" eran muy distintos. Las poblaciones celtas y germánicas, que recorrían los grandes bosques del centro y norte de Europa, tenían una fuerte predilección por la explotación de la naturaleza virgen y los espacios sin cultivar. La caza y la pesca, la recolección de frutos silvestres y la ganadería, sobre todo porcina, eran actividades centrales. Su valor alimentario de primer orden no era el pan ni las gachas, sino la carne. No se bebía vino (sólo era conocido en las zonas colindantes con el Imperio), sino leche de burra, sidra o cerveza. No se usaba aceite, sino mantequilla y tocino.

De hecho no nos interesa tanto saber qué comen unos u otros sino cómo cada pueblo tiene indicadores de su identidad cultural y de la diversidad de los otros.

Los poemas homéricos definían a los hombres como "comedores de pan" y esto era considerado como un símbolo de su civilización. César, por su parte, decía de los germanos: "No labran la tierra y la mayor parte de su sustento consiste en leche, queso y carne"; su bebida natural, según Tácito, es "un líquido formado por cebada y trigo preparado a modo de vino", y añade "se alimentan simplemente con frutos silvestres, caza recién cobrada y leche cuajada". Los escritores griegos y romanos se imaginan una Edad de Oro vegetariana. Los frutos de la tierra eran el primer y más elevado valor alimentario. Según Hesíodo, en tiempos de Cronos, "los hombres vivían como dioses... y la fértil tierra daba espontáneamente muchos y abundantes frutos". Y Pitágoras afirmaba: "El Universo comienza con el pan". La mayoría de autores clásicos, como Platón y Virgilio nos dan la misma imagen de la tierra que nutre, primero de forma espontánea y luego con el trabajo del hombre.

Los celtas y germanos tienen también sus valores, pero no tienen una planta como símbolo de civilización (el trigo en el mundo griego y romano, el maíz en las américas, el arroz en Asia) sino un animal: el cerdo. La mitología celta y germánica está llena de episodios en los que el cerdo, sustento principal del hombre, es el protagonista. El modelo cultural "bárbaro" exalta la carne. El Emperador Maximino de Tracia "llegaba a comer cuarenta libras de carne, o incluso sesenta. Nunca probó las hortalizas".

Cómo y a través de qué se integraron ambas culturas?

Podemos escribir la historia de Europa de los siglos que van de la caída del Imperio romano hasta el feudalismo en términos alimentarios. Veamos cómo ambas culturas se influyeron mutuamente a través de los siguientes factores:

- la nueva clase dirigente

- la expansión del cristianismo

- una nueva actitud ante la comida: el modelo monástico y el nobiliario

- un nuevo sistema productivo basado en las tierras cultivadas y en las incultas

 

1. El primer instrumento de integración fue el poder.

Tras las invasiones bárbaras, las tribus germánicas se convirtieron en la nueva clase dominate de Europa; ello provocó que su cultura, valores y mentalidad fueran aceptándose por los pueblos conquistados. La naturaleza salvaje y los espacios sin cultivar empezaron a considerarse como espacios a usar, y la carne se convirtió en el valor alimentario por excelencia. El médico latino Cornelio Celso consideraba que el pan era la mejor comida ya que "contiene más sustancia nutritiva que ningún otro alimento". Unos siglos después, el médico Antimo, en el siglo VI, presta más atención a la carne de cerdo.

Entre la clase dominante, la carne es un símbolo de poder, un instrumento para proporcionar energía física, vigor; abstenerse de ella es señal de humillación, de separación de la sociedad de los fuertes.

Ante esta exaltación de la carne, por qué el pan no dejó de ser símbolo de civilización?

 

2. La expansión del cristianismo

A partir del 313 el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio. Nacido y desarrollado en un contexto mediterráneo, asumió como instrumentos de culto el pan y el vino (alimentos sagrados por excelencia) y el aceite (indispensable para administrar los sacramentos y encender las luminarias). Esta elección, si bien rompía con la tradición hebrea (que excluye el pan por ser un alimento fermentado y el vino por ser bebida embriagadora) facilitaba la inclusión de la nueva fe en el sistema de valores del mundo romano. Las vidas de los santos están llenas de personajes que para difundir la fe cristiana lo primero que hacen es plantar viñas y cultivar trigo. Los francos, que se convirtieron al cristianismo porque con ello les era más fácil asentarse en los territorios del Imperio, expandieron el modelo alimentario romano-cristiano por el norte de Europa.

Pan y carne. He aquí los nuevos pilares de una cultura alimentaria fruto de un proceso de integración del mundo bárbaro con el romano-cristiano.

 

3. Una nueva actitud ante la comida

Para la cultura griega y romana el ideal era la mesura: a la comida había que acercarse con placer pero sin voracidad. Los excesos de consumo alimentario se consideran despreciables. Jenofonte decía que la sobriedad en el comer es "el fruto más importante en la educación de un hombre o una mujer".

En cambio, para la tradición cultural céltica y germánica el "tragón" es un personaje positivo: la imagen del guerrero valeroso es también la de un hombre capaz de tragar enormes cantidades de comida y bebida. "Yo sé en qué arte supero a todos los demás: no hay nadie aquí que coma más deprisa que yo" se proclama en la Edda islandesa. Y estos son los valores que tomó como modelo la aristocracia franca.

Es curioso observar un cierto paralelismo con lo que sucede con las reglas monásticas del norte de Europa y las elaboradas en el sur mediterráneo. Las del norte son más duras y rigurosas en cuanto a ayunos, penitencias y abstinencias alimentarias (es "en negativo" el equivalente del modelo alimentario germánico: si el valor material más importante es el comer, el valor espiritual más importante será el rechazo de la comida). En cambio, las reglas monásticas mediterráneas (como la de san Benito) se caracteriza por su equilibrio y mesura en la alimentación. Además, ambos modelos rechazan la carne (alimento por excelencia de la sociedad de los poderosos)

 

4. Tierras cultivadas y tierras incultas

Desde el siglo VI hasta el siglo X la economía europea se basó tanto en las actividades agrícolas como en la explotación de los terrenos incultos, dando un sistema alimentario que combinaba los productos de origen vegetal (cereales, legumbres y hortalizas) con los de origen animal (carne, pescado, queso y huevos). Esto fue debido a la relación favorable población/recursos (poca gente y muchos bosques y pastos), y a la inexistencia de sistemas de propiedad que impidieran a nadie la utilización de esos espacios.

En esta época era tan importante la cosecha agrícola como la existencia de productos silvestres (pastos, animales salvajes, peces...). Todo el mundo podía contar con fuentes variadas de alimentación, y la carne y el pescado, junto con el queso y los huevos, no faltaban en la mesa de nadie, acompañando al pan, las gachas y la verdura.

La normativa eclesiástica también contribuía a esta integración: prohibía el consumo de carne unos 150 días al año, y con ello estimulaba la alternancia de distintos productos en la mesa (sustitución de carne por pescado o legumbres, y las grasas animales por aceites vegetales).

Europa iba homogeneizando sus costumbres alimentarias a la vez que se hacían más marcadas las diferencias sociales: las clases superiores laicas y eclesiásticas del centro y norte de Europa adoptaron la moda del pan, el vino y el aceite; las clases superiores de los pueblos sometidos a los germánicos asimilaron su estilo de vida y alimentación (elevado consumo de caza). Las clases humildes siguieron con la alimentación tradicional: las gachas, las sopas y los potajes. Para hacerlos se usaban el centeno, la avena y el mijo, cereales que se hierven en un caldero, dentro del cual se mezclaban los cereales, las legumbres y las verduras, con carne y tocino para dar sabor. El pan de los poderosos era de trigo (pan blanco), el de los humildes de centeno (pan negro). Sólo unos pocos podían permitirse el comer carnes frescas. Los campesinos conservaban la carne (la de cerdo y cordero) ahumándola o con sal. Comer gallina fresca estaba reservado a las grandes solemnidades.

Estamos, pues, ante una economía y una cultura alimentaria situadas a mitad de camino entre el estadio de la recolección y el del cultivo.

Pero a partir del siglo IX la población empezó a crecer. La demanda de comida sólo podía satisfacerse ampliando los espacios cultivados y dando mayor preponderancia a la agricultura en detrimento de las formas de recolección. Iglesias y monasterios, señores, campesinos y ciudades intensificaron el desbroce, la roturación y la colonización de nuevos territorios. Lo natural, lo silvestre, sucumbía a la productividad agraria, el camino al feudalismo estaba abierto.

Actividades de aprendizaje

1. Establece un esquema comparativo entre

cultura greco-romana cultura germánica

valoración del entorno

actividades productivas

alimentos básicos

bebida

símbolo de civilización

2. ¿Cómo las clases dirigentes adoptaron la carne como símbolo de poder?

3. ¿Por qué el pan, el vino y el aceite no cedieron paso a la cerveza o a la manteca?

4. ¿Cómo el exceso en el comer pasó a considerarse el modelo a imitar?

5. ¿En qué se diferencian -por lo que respecta a la comida- las reglas monásticas del norte y del sur de Europa?

6. ¿Por qué en esta época podemos empezar a hablar de una dieta a nivel europeo, más o menos homogénea? ¿Cuáles serían sus productos integrantes?

7. ¿Por qué la agricultura, a partir del siglo IX, empezó a ser más importante que la recolección?

 



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