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LOS RETARDOS TEMPORALES EN LA CONSCIENCIA
Texto procedente de:
PENROSE, Roger. (1989). La Nueva Mente del Emperador. Mondadori. Madrid.
1991.
A continuación deseo describir dos experimentos (descritos en Harth 1982) que se han realizado en sujetos humanos y que parecen tener implicaciones notables para nuestras consideraciones sobre este punto. Estos tienen que ver con el tiempo que necesita la consciencia para actuar y ser activada. El primero de estos concierne al papel activo de la consciencia, y el segundo a su papel pasivo. Consideradas juntas, estas implicaciones son aún más sorprendentes.
El primero fue realizado por H. H. Kornhuber y colaboradores en Alemania en 1976. (Deecke, Grötzinger y Kornhuber 1976.) Cierto número de sujetos humanos se prestaron voluntarios para que se registrasen las señales eléctricas en un punto de sus cabezas (electroencefalogramas, esto es, EEG), y se les pedía que flexionaran varias veces, y repentinamente, el dedo índice de sus manos derechas totalmente a su propia elección. La idea es que los registros de los EEG indicarían algo de actividad mental que está teniendo lugar dentro del cráneo y que está involucrada en la decisión real consciente de flexionar el índice. Para obtener una señal significativa a partir de las trazas del EEG es necesario promediar las trazas de varias series diferentes, y la señal resultante no es muy definida. Sin embargo, se encuentra algo curioso: hay un aumento gradual del potencial eléctrico registrado durante un segundo entero, o quizá incluso hasta un segundo y medio, antes de que el dedo sea flexionado. Esto parece indicar que el proceso de decisión consciente ¡necesita un segundo para actuar!. Esto puede ser contrastado con el tiempo mucho más corto que lleva responder a una señal externa si el modo de respuesta ha sido establecido por adelantado. Por ejemplo, la flexión del dedo podría ser la respuesta al destello de una señal luminosa en lugar de ser "libremente voluntaria". En tal caso es normal un tiempo de reacción de aproximadamente un quinto de segundo, que es unas cinco veces más rápido que la acción "voluntaria" que se ponía a prueba en los datos de Kornhuber.
En el segundo experimento, Benjamin Libet, de la Universidad de California, en colaboración con Bertram Feinstein del Instituto Neurológico del Monte Sión en San Francisco (Libet 1979), ponían a prueba sujetos que tenían que sufrir intervenciones quirúrgicas en el cerebro por alguna razón que no tuviera relación con el experimento y que consistieron en tener electrodos colocados en puntos del córtex somatosensorial del cerebro. El resultado del experimento de Libet fue que, cuando se aplicaba un estímulo en la piel de los pacientes, transcurría aproximadamente medio segundo antes de que fueran conscientes de dicho estímulo, pese al hecho de que el propio cerebro había recibido la señal del estímulo en sólo una centésima de segundo y podía lograrse una respuesta preprogramada "refleja" del cerebro a dicho estímulo en aproximadamente una décima de segundo. Además, a pesar del retardo de medio segundo antes de que el estímulo alcanzase la consciencia, existía la impresión subjetiva de que ¡no había habido ningún retraso en su toma de consciencia del estímulo! (Algunos de los experimentos de Libet implicaban estimulación del tálamo, cf. p. 471, con resultados similares a los del córtex somatosensorial.)
(...)
Sin embargo, no parece que seamos "conscientes" de un retardo temporal tan largo en nuestras percepciones. Una manera de hacer comprensible este curioso descubrimiento podría consistir en imaginar que el "tiempo" de todas nuestras "percepciones" está retrasado efectivamente alrededor de medio segundo respecto al "tiempo real" - como si el reloj interno de cada uno simplemente estuviese "equivocado" en medio segundo aproximadamente.
(...)
A partir del primero de los experimentos anteriores parece deducirse que la acción consciente necesita algo así como un segundo o un segundo y medio antes de poder llevarse a cabo, mientras que, según el segundo experimento, la consciencia de un suceso externo no parece ocurrir hasta medio segundo después de que haya tenido lugar el suceso. Imaginemos lo que sucede cuando respondemos a algún acontecer externo imprevisto. Supongamos que la respuesta es algo que requiere un momento de contemplación consciente. Parecería, sobre la base de los experimentos de Libet, que de transcurrir medio segundo antes de que la consciencia sea llamada a juego; y luego, como parecen implicar los datos de Kornhuber, se necesita bastante más de un segundo antes de que pueda tener efecto una respuesta "voluntaria". El proceso total, desde el input sensorial hasta el output motor, parecería necesitar un tiempo ¡del orden de dos segundos!. La implicación aparente de estos dos experimentos considerados juntos es que la consciencia no puede siquiera entrar en juego en absoluto en respuesta a un suceso externo si dicha respuesta tiene que tener lugar en menos de un par de segundos aproximadamente.
(...)
Hay quizá alguna razón para dudar de que los experimentos de Kornhuber demuestren que la consciencia "necesite" realmente un segundo y medio para actuar. Aunque es cierto que el promedio de todas la trazas del EEG para la intención de flexionar el dedo daba una señal tan prematura, pudiera ser que sólo en algunos casos haya una intención tan anticipada de flexionar el dedo -donde a menudo esta intención no se materializara realmente - mientras que en otros muchos casos la acción consciente ocurra mucho más próxima a la flexión del dedo.
Aceptemos por el momento, que ambas conclusiones experimentales son realmente válidas. Me gustaría hacer una alarmante sugerencia en relación con esto. ¡Sugiero que es probable que estemos equivocados al aplicar las reglas de la física usuales para el tiempo cuando consideramos la consciencia! Existe, efectivamente, algo muy singular en el modo en que entra el tiempo en nuestras percepciones conscientes en cualquier caso, y pienso que es posible que sea necesaria una concepción muy diferente cuando tratamos de colocar las percepciones conscientes en un marco convencional de ordenación temporal. La consciencia es, después de todo, el único fenómeno que conocemos según el cual el tiempo ¡necesita fluir!. El modo de considerar el tiempo en la física moderna no es esencialmente diferente de la manera que se considera el espacio, y el tiempo de las descripciones físicas no fluye en absoluto; ¡sólo tenemos un espacio tiempo de apariencia estática en el que están dispuestos los sucesos de nuestro universo!. No obstante, según nuestras percepciones, el tiempo fluye. Mi conjetura es que aquí también existe algo ilusorio, y el tiempo de nuestras percepciones no fluye realmente en la forma del avance lineal en que lo percibimos fluir (¡cualquier cosa que sea lo que esto pueda significar!) El ordenamiento temporal que nos parece percibir es, estoy afirmando, algo que imponemos a nuestras percepciones para poder darles sentido en relación con la progresión temporal uniforme hacia delante de una realidad física externa.
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Referencias:
HARTH, E. (1982): Windows of the Mind. Harvester Press, Hassoks, Sussex.
DEECKE, L.; GRÖTZINGER, B. y KORNHUBER, H. H. (1976): Voluntary finger movements in man: cerebral potentials and theory. Biol. Cybernetics, 23, 99.