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La evaluación de la investigación cualitativa
Mientras que la investigación experimental tiene una larga tradición en el establecimiento de mecanismos de control para evaluar la validez de los resultados obtenidos en términos de su fiabilidad o certeza, la investigación cualitativa está todavía en un estadio de reflexión sobre cuáles tienen que ser los criterios adecuados para valorar sus resultados y la producción de su conocimiento.
Evaluar la validez de la investigación cualitativa es un tema que preocupa cada vez más a un gran número de investigadores que se adscriben a esta perspectiva. Estos investigadores están de acuerdo en que los criterios de evaluación de la tradición cuantitativa no son los más adecuados ni por la naturaleza de su objeto de estudio ni por sus objetivos de investigación.
Pero, aparte de esta posición común, encontramos dos grandes opiniones: la de los que proponen adaptar los criterios de la fiabilidad y validez propias de las tradiciones cuantitativas al trabajo cualitativo y la de los que defienden la necesidad de desarrollar criterios propios que se adecuen a la idiosincrasia de la investigación cualitativa, ya que no comparten ni las mismas prioridades ni los mismos compromisos epistemológicos. Para estos últimos tampoco es aconsejable buscar estándares abstractos o generales y normativos para evaluar la validez del conocimiento procedente de este tipo de investigación, e incluso, sostienen que sería incorrecto y contradictorio intentar hacerlo.
En esta línea de propuestas, M. Hammersley (1998) propone establecer dos criterios básicos para el desarrollo de la investigación y para su evaluación: la validez y la relevancia.
- Validez:
aun reconociendo que no podemos aspirar a la certeza absoluta, sí podemos, sin embargo, hacer algunas propuestas sobre la validez del tipo de resultados de la investigación cualitativa. En este sentido, la plausibilidad y la credibilidad de los datos presentados a favor de una argumentación pueden ofrecernos los resultados de la investigación y convertirse en unas guías para valorar estos resultados. Así, se debe tener cuidado con el tipo de descripción que se realiza, de manera que respete la observación y esté bien construida. También se debe ser cuidadoso a la hora de establecer la relación entre los datos y nuestras explicaciones y argumentaciones, de manera que éstas se apoyen adecuadamente en las primeras.
- Relevancia:
para considerar el valor de un estudio no sólo tenemos que fijarnos en su validez (buena formulación, fundamentación y argumentación de los datos), sino que también es importante que los resultados de nuestra investigación contribuyan al conocimiento precedente sobre un tema, que añadan algo nuevo en relación al problema.
Además de estas líneas generales, J.A. Smith (1998) propone un conjunto de recursos concretos para la evaluación cualitativa.
- Coherencia interna
: adecuación entre los datos presentados, su interpretación y la argumentación teórica.
- Consistencia de los datos presentados
: el informe debe indicar la procedencia de sus datos y los procedimientos por los cuales han sido obtenidos, de manera que el lector pueda evaluar su calidad y alcance.
- Auditoría independiente:
consiste en que el lector pueda tener acceso a los registros originales de forma que pueda reconstruir el proceso de análisis del investigador y seguir su argumentación, desde la codificación y tratamiento de los datos hasta llegar a su resultado.
- Validación de los participantes
: se trata de establecer una correspondencia entre la visión de los hechos que tienen los investigadores y la de los actores sociales, de manera que se pueda comprobar hasta qué punto los actores reconocen y están de acuerdo con los juicios y afirmaciones emitidos por los científicos. De todos modos, hay que tener en cuenta que no todos los actores están igualmente informados, ni tampoco comparten el mismo punto de vista. Por lo tanto, sus aportaciones, más que válidas en un sentido estricto, tienen que considerarse como una fuente de información más para ajustar las interpretaciones.
- La triangulación
es otra forma de validación solicitada. Su valor consiste en comprobar las inferencias extraídas a partir de una fuente de información mediante el recurso a otra fuente de información. De una manera más general, comporta la comparación de la información referente a un mismo fenómeno pero obtenida en diferentes etapas del trabajo de campo, en diferentes puntos de los ciclos temporales en aquel lugar o, como sucede con la validación solicitada, comparando los relatos de diferentes participantes (incluido el del investigador) que se encuentran en el campo. También existe la triangulación entre diferentes investigadores, y finalmente, la triangulación de técnicas, por ejemplo, la de comparar la información obtenida en la observación con la de las entrevistas en profundidad y documentos.
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